martes, octubre 16, 2007

El encuentro

…El beso sabía a tierra, a mar,
A doradas pieles tersas de arena
El beso sabia a esperanzas nuevas
A musgo verde sobre las piedras.

Lentamente se fueron acercando
Hasta encontrar la ruta de la selva espesa
Lentamente se fueron entregando
Esta nada sumisa, aquella no tan sierva
Y en un escalofrío se fue desmenuzando
La raza originaria de esta tierra.

Las pieles sudorosas, las anchas espaldas negras
Se abatieron al látigo de la nobleza ibérica
Y así las inocentes trenzas violentadas
De las hijas del Turey y de la América
Se deshicieron bajo la amenaza
De la mano que usurpara su pureza.

Una misión que acuchillaba el alma:
Destituir los dioses que en grutas empedradas
Como iconos de gloria se alzaban bajo palmas.
Con cruces en las manos, con fuerza de fusil en las miradas
Impusieron el todopoderoso
Levantaron sobre piedras la nueva fe cristiana.

Desde entonces las Indias anheladas
Fueron las tierras de la nueva raza
Que alberga ahora, bajo las mismas pieles,
La negra noche oscura, la colorada braza,
Y La extrema blancura
De la espuma a la orilla de las playas.

Y así, por voluntad de la fortuna
América, finalmente conquistada
Se convirtió con el tiempo en la cuna
De las identidades encontradas
Y en un muestrario lleno de colores
Que revela, del mundo, las entrañas.

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