Conozco un viajero. Tengo el placer de conocer un viajero que va de aquí para allá. El viajero que conozco es mi amigo; como todos los viajeros va de aquí para allá. Pero mi amigo viajero no es como todos los viajeros. Aunque va de aquí para allá como todos ellos.
Mi amigo viajero colecciona nostalgias, como todos los viajeros. Pero las nostalgias de mi amigo no son como las de los demás viajeros. Las nostalgias de mi amigo viajero las hago mías en algunos versos. Las nostalgias de los otros viajeros nunca serán mías.
Estoy escribiendo sobre las nostalgias de mí amigo viajero, y sobre mis nostalgias, que colecciono auque a diferencia de mi amigo no viajo de aquí para allá, sino de allá para acá, de ayer para hoy. De hace muchos años para hace solo un par de días.
Mi amigo pinta en el lienzo sus nostalgias, quisiera que pintara las mías. Mi amigo pinta en el lienzo su eterno viaje y quisiera que en su lienzo de viajes geográficos pudiera aparecer mi eterno viaje en el tiempo.
Con mariposas y caracoles mi amigo crea fantasías de sus viajes geográficos que influyen grandemente en las fantasías que mi mente crea en el papel de mis viajes en el tiempo. Porque en sus viajes geográficos no deja de pasar el tiempo y en mis viajes temporales, no deja de existir la geografía.
Así que mi amigo puede pintar un día en su lienzo de viajero una fantasía alada de mariposas que viajan en el tiempo por los caracoles de la geografía, porque como están de entrelazadas estas palabras, así están su vida y la mía.
lunes, septiembre 18, 2006
Un anciano que le robó a la vida unos últimos 10 minutos:
Como una cinta que se rebobina empiezan a aparecer las escenas de una y otra estación. Desordenadamente brotan conversaciones, lugares, personas, deseos…
Desde aquí se puede ver casi toda la calle. La calle larga de los días nuevos que nunca mas serán.
Ahora desde la inercia descubro un rincón lleno de recuerdos. Intento mudarlos para que la nostalgia no haga nido en mí, pero el abrumador peso de los años me ha dejado sin fuerzas. Una vez el tiempo pasa, nada es remediable, lo que no importó una vez no puede importar ahora, aun si fuera posible estaría de todas maneras sin efecto.
La vida es cruda, siempre estuve de acuerdo. Demasiado como para dar mucha importancia a sus acontecimientos. Demasiado como para enfrentar mi propio pensamiento. Mucho, como para dejar de temer.
Se que tuve la oportunidad y no me arrepiento, al cabo de tantos años ¿para que hacerlo?. ¿Que debí haber hecho? ¿Dejar que mi cerebro bullera con cada problema que creí no poder solucionar? ¿Soñar con que podía cambiar el mundo porque pensaba diferente?
Si… terminé como todos.
No viví, pero aun sobrevivo; no sufrí, así que he sobrevenido al sufrimiento. Lo logré dejando que todo sucediera a mí alrededor y con mis brazos cruzados sobre mi pecho, protegiendo mi corazón de las influencias de afuera, endureciéndolo para que pudiera ser indiferente. Esa fue mi coraza, y al fin y al cabo terminó por salvarme de los peligros de este mundo; y hablo de cosas muy serias, peligros que asechan al hombre: la sensibilidad, por ejemplo. Así que fui insensible e indiferente y me liberé de pesares y dolores que hubieran terminado por convertirme en no se que suerte de ser.
Solo que de repente, por simples asuntos cenílicos, me encuentro en la cama de un hospital, con una ventana con vista a la calle, a esa calle en la que crecí, y realizo que nunca me fijé en las ventanas y en lo buenas que son para mirarse un poco hacia adentro mientras observas hacia afuera.
Me doy cuenta que tampoco me fije en la calle y en lo malo que era que ningún gobierno se dispusiera a asfaltarla, y en que mucho peor es que nadie se atreviera a exigirlo todavía en estos tiempos. Entonces creo que alguien ahora estaría en esta silla vacía al lado de mi cama si yo (que desee siempre usar mis patines en esa calle), hubiera intentado conseguir que fuera asfaltada. Estoy seguro de que alguien me recordaría y colocaría una frase amable en mi epitafio haciendo alusión a mi logro.
Pero había cosas mas importantes en que pensar, como no pensar, por ejemplo.
Así que estas lagrimas que me traen los recuerdos, que no son más que cursilería de viejos, me las limpio del rostro para no pensar en ellas y para ignorar levemente su razón de ser. Y este nudo que tengo en la garganta, me lo trago para llenar el vació que quedó en este ser, porque nunca nada tuvo valor y porque valorando las cosas hubiera tenido que sufrir como lo hago ahora. Estas lágrimas son la prueba de que nunca me equivoque cuando dije: ¿Qué caso tiene? O las veces que pensé ¿Por qué habría de molestarme analizando esto que no podré resolver?
No me pesa cargar, al final de este rudo camino, con todas las preguntas que no intenté responder, porque ni siquiera la curiosidad me mueve, ninguna motivación habita en mi, nada que me hiciera sufrir estaba en mi mente antes de que este aniversario (que ruego sea el ultimo) llegara súbitamente a mi, postrado en esta cama, justo a la par de este manojo de recuerdos de cosas que nunca me intereso decir ni hacer.
Y me atrapa la felicidad de repente, porque por primera vez en mi vida, decidí pensar en algo que en definitiva no tiene solución, y descubrí que las lagrimas aun pueden rodar por mis mejillas y que mi garganta aun puede atorarse por el sufrimiento.
Me invade una mezcla clandestina de felicidad y miedo, porque por vez primera estoy sufriendo; pero sufro desde esta cama con una silla abandonada y sufro desde una ventana que me muestra más de mi mismo que de lo que esta afuera. Pero sonrío, y mi sonrisa besa mi llanto para brindarle consuelo; porque se que a pesar de todo lo que dejé de apreciar en este afán de supervivencia, no perdí la capacidad de sufrir y de aprender, y hoy aprendí la que creo será mi primera y última lección: “Lo único en esta vida que no tiene solución es la muerte”, y es tanta mi impotencia, porque se que no la acercará ni la alejará de mi el hecho de reflexionar sobre ella, que hasta me pregunto si quizás ella (en si misma) es la solución.
Lo malo es que a estas alturas de mi vida, me estoy entreteniendo en este hilo de pensamientos para tratar de ignorar que quizás esa solución esté demasiado cerca.
“Al final de este viaje en la vida quedará nuestro rastro invitando a vivir. quedara una cura de tiempo, una gasa que envuelva un viejo dolor. Estos años son el pasado del cielo. Estos años son cierta agilidad con que el sol te dibuja en el porvenir; son la verdad o el fin, son Dios, quedamos los que puedan sonreír en medio de la muerte, en plena luz”.
Silvio Rodríguez
Adaptación
Desde aquí se puede ver casi toda la calle. La calle larga de los días nuevos que nunca mas serán.
Ahora desde la inercia descubro un rincón lleno de recuerdos. Intento mudarlos para que la nostalgia no haga nido en mí, pero el abrumador peso de los años me ha dejado sin fuerzas. Una vez el tiempo pasa, nada es remediable, lo que no importó una vez no puede importar ahora, aun si fuera posible estaría de todas maneras sin efecto.
La vida es cruda, siempre estuve de acuerdo. Demasiado como para dar mucha importancia a sus acontecimientos. Demasiado como para enfrentar mi propio pensamiento. Mucho, como para dejar de temer.
Se que tuve la oportunidad y no me arrepiento, al cabo de tantos años ¿para que hacerlo?. ¿Que debí haber hecho? ¿Dejar que mi cerebro bullera con cada problema que creí no poder solucionar? ¿Soñar con que podía cambiar el mundo porque pensaba diferente?
Si… terminé como todos.
No viví, pero aun sobrevivo; no sufrí, así que he sobrevenido al sufrimiento. Lo logré dejando que todo sucediera a mí alrededor y con mis brazos cruzados sobre mi pecho, protegiendo mi corazón de las influencias de afuera, endureciéndolo para que pudiera ser indiferente. Esa fue mi coraza, y al fin y al cabo terminó por salvarme de los peligros de este mundo; y hablo de cosas muy serias, peligros que asechan al hombre: la sensibilidad, por ejemplo. Así que fui insensible e indiferente y me liberé de pesares y dolores que hubieran terminado por convertirme en no se que suerte de ser.
Solo que de repente, por simples asuntos cenílicos, me encuentro en la cama de un hospital, con una ventana con vista a la calle, a esa calle en la que crecí, y realizo que nunca me fijé en las ventanas y en lo buenas que son para mirarse un poco hacia adentro mientras observas hacia afuera.
Me doy cuenta que tampoco me fije en la calle y en lo malo que era que ningún gobierno se dispusiera a asfaltarla, y en que mucho peor es que nadie se atreviera a exigirlo todavía en estos tiempos. Entonces creo que alguien ahora estaría en esta silla vacía al lado de mi cama si yo (que desee siempre usar mis patines en esa calle), hubiera intentado conseguir que fuera asfaltada. Estoy seguro de que alguien me recordaría y colocaría una frase amable en mi epitafio haciendo alusión a mi logro.
Pero había cosas mas importantes en que pensar, como no pensar, por ejemplo.
Así que estas lagrimas que me traen los recuerdos, que no son más que cursilería de viejos, me las limpio del rostro para no pensar en ellas y para ignorar levemente su razón de ser. Y este nudo que tengo en la garganta, me lo trago para llenar el vació que quedó en este ser, porque nunca nada tuvo valor y porque valorando las cosas hubiera tenido que sufrir como lo hago ahora. Estas lágrimas son la prueba de que nunca me equivoque cuando dije: ¿Qué caso tiene? O las veces que pensé ¿Por qué habría de molestarme analizando esto que no podré resolver?
No me pesa cargar, al final de este rudo camino, con todas las preguntas que no intenté responder, porque ni siquiera la curiosidad me mueve, ninguna motivación habita en mi, nada que me hiciera sufrir estaba en mi mente antes de que este aniversario (que ruego sea el ultimo) llegara súbitamente a mi, postrado en esta cama, justo a la par de este manojo de recuerdos de cosas que nunca me intereso decir ni hacer.
Y me atrapa la felicidad de repente, porque por primera vez en mi vida, decidí pensar en algo que en definitiva no tiene solución, y descubrí que las lagrimas aun pueden rodar por mis mejillas y que mi garganta aun puede atorarse por el sufrimiento.
Me invade una mezcla clandestina de felicidad y miedo, porque por vez primera estoy sufriendo; pero sufro desde esta cama con una silla abandonada y sufro desde una ventana que me muestra más de mi mismo que de lo que esta afuera. Pero sonrío, y mi sonrisa besa mi llanto para brindarle consuelo; porque se que a pesar de todo lo que dejé de apreciar en este afán de supervivencia, no perdí la capacidad de sufrir y de aprender, y hoy aprendí la que creo será mi primera y última lección: “Lo único en esta vida que no tiene solución es la muerte”, y es tanta mi impotencia, porque se que no la acercará ni la alejará de mi el hecho de reflexionar sobre ella, que hasta me pregunto si quizás ella (en si misma) es la solución.
Lo malo es que a estas alturas de mi vida, me estoy entreteniendo en este hilo de pensamientos para tratar de ignorar que quizás esa solución esté demasiado cerca.
“Al final de este viaje en la vida quedará nuestro rastro invitando a vivir. quedara una cura de tiempo, una gasa que envuelva un viejo dolor. Estos años son el pasado del cielo. Estos años son cierta agilidad con que el sol te dibuja en el porvenir; son la verdad o el fin, son Dios, quedamos los que puedan sonreír en medio de la muerte, en plena luz”.
Silvio Rodríguez
Adaptación
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
