Esta es una historia tonta porque trata de un niño que creía que todo lo creía era posible, solo por el hecho de que el lo creía (¡Que tonto no!).
Entonces el niño pensó que quería despertar en las mañanas y ver muchos colores hermosos que llenaran su vista y lo hicieran sentirse muy bien y contento de haber despertado otra vez. Su madre al saber que el niño anhelaba estos colores le dijo que lo quería ayudar pero le era imposible, y que le pidiera a Dios que algún día dios lo escucharía y pintaría en el aire todos esos colores para el.
Así lo hizo el niño y en la noche oró fervientemente para que Dios le diera todos los colores que deseaba.
La mañana siguiente el niño despertó, y le pareció extraño que aunque había luz del sol, afuera llovía. Se asomo por la ventana y ¡Que sorpresa! Ahí estaban todos los colores que le había pedido a Dios.
Un precioso arco iris se extendía por todo lo ancho del cielo, vistiendo de fiesta y color la inmensa esfera azul.
El niño tomo sus pinturas de dedos y empezó a plasmar en la pared lo que veía afuera, pues no quería que aquel mágico hechizo se deshiciera, quería tener aquellos brillantes colores todas las mañanas. Y no se limitó a la pared, pinto también las sabanas, pinto sus ropas, su calzado, todo lo que veía, lo impregnaba de un nuevo y brillante color.
El niño observo su alrededor y se sentía tan complacido y exhausto de tanto pintar que cayo súbitamente en un profundo sueño de color.
Cuando la llovizna había desaparecido, llevándose la magia del arco iris y dejando el cielo gris, la madre decidió subir a la habitación del niño, pues era tarde y el “todavía” dormía. Tan grande fue su espanto al ver aquel enorme lío de ropas y sabanas coloreadas, y paredes pintadas y zapatos teñidos, que grito con gran fuerza despertando violentamente al niño de su sueño colorido.
Asustado el niño interrogaba a la madre requiriendo saber porque la algarabía si su sueño de color, lo que tanto anhelaba, Dios se lo había concedido, porque, como ella le había recomendado él se lo había pedido con mucha fe.
La señora estaba histérica y arremetió contra el niño sacudiéndolo y gritándole insultos y maldiciones. Lo castigo por una semana y le mando a asear la habitación, que mas adelante fue pintada de un limpio blanco ¡la ausencia total del color!.
Hasta aquí llega esta historia tonta. El poder de la mente es el mayor don que un ser humano pueda poseer, limitarla, es el mayor pecado que se puede cometer; lastima que también sea el mas común!!!
lunes, octubre 02, 2006
Time goes by ¿So slowly?
Hoy pensé en el futuro, esa cosa etérea, inexistente que tanto nos perturba y condiciona de manera tan persuasiva nuestro presente. Me divertía imaginando todas esas cosas que podrían ser producto de mis acciones de hoy, pero cuando iba por la parte en que me caso con un muchacho que recién conocí, alguien me llamó por teléfono y entonces me detuve y tomé la llamada.
Era mi abuela, recordándome lo mucho que me quería y preguntando como andaba todo en casa. La conversación se extendió y llegó un amigo que siempre nos visita, corté con mi abuela y me puse a hacer algunas cosas en el computador con mi amigo (juzgábamos un videojuego).
Cuando mi amigo se retiró vi. una llamada sin responder en el celular con fecha de ayer, me pasé la tarde pensando en quien pudo haberme llamado.
Me senté a escribir y aquí estoy, escribiendo sobre el futuro y pensando que mientras escribo FUTURO, la palabra queda en el pasado aun manteniendo su significado y es algo contradictorio “futuro en el pasado”, siento que el pasado esta (como un agujero negro) absorbiendo todo lo que parece presente, así que el presente se vuelve demasiado efímero, lo que me dice que no debo gastarlo ni pensando en el pasado ni esperando en el futuro, porque el futuro estará ahí por siempre y el pasado por igual; pero el presente…
Siento que con cada letra que escribo se me escapa de las manos, cada palabra me hace perderlo un poco, cada una de estas letras que van quedando atrás del cursor pertenecen a un abismo sin fondo.
El pasado lo consume todo y por mas que me apresuro solo llego a tocar el presente, nunca he podido alcanzar el futuro.
Ya me voy enredando, los silogismos no son para mi, pero debo decirlo, el tiempo me aterra, es como algo que acaba de nacer y ya se esta desintegrando, ¡paradójico no! Y se me pueden ocurrir muchas otras metáforas, mientras mas trato de explicarlo mas ideas vienen a mi cabeza (es por la necesidad de que se entienda la angustia que me produce el hecho de que el tiempo es algo que ni siquiera puedo definir), por ejemplo: es como el tratar de agarrar agua con las manos abiertas, no bien las estas llenando cuando ya están vacías y solo queda la humedad. O como las olas cuando rompen (que es cuando son más bellas) que no bien son rompientes cuando ya solo queda la espuma.
Me temo que no se entenderá lo que trato de decir, pues me encuentro tan intimidada ante esta concatenación de cosas que ignoro sobre el tiempo, que no se si las palabras que he usado son las adecuadas.
En fin, termino llegando a la cumbre de mi curiosidad en este tema cuando pienso en la frase “el transcurrir del tiempo”, me pregunto quien transcurre finalmente, ¿es el tiempo o soy yo?
Era mi abuela, recordándome lo mucho que me quería y preguntando como andaba todo en casa. La conversación se extendió y llegó un amigo que siempre nos visita, corté con mi abuela y me puse a hacer algunas cosas en el computador con mi amigo (juzgábamos un videojuego).
Cuando mi amigo se retiró vi. una llamada sin responder en el celular con fecha de ayer, me pasé la tarde pensando en quien pudo haberme llamado.
Me senté a escribir y aquí estoy, escribiendo sobre el futuro y pensando que mientras escribo FUTURO, la palabra queda en el pasado aun manteniendo su significado y es algo contradictorio “futuro en el pasado”, siento que el pasado esta (como un agujero negro) absorbiendo todo lo que parece presente, así que el presente se vuelve demasiado efímero, lo que me dice que no debo gastarlo ni pensando en el pasado ni esperando en el futuro, porque el futuro estará ahí por siempre y el pasado por igual; pero el presente…
Siento que con cada letra que escribo se me escapa de las manos, cada palabra me hace perderlo un poco, cada una de estas letras que van quedando atrás del cursor pertenecen a un abismo sin fondo.
El pasado lo consume todo y por mas que me apresuro solo llego a tocar el presente, nunca he podido alcanzar el futuro.
Ya me voy enredando, los silogismos no son para mi, pero debo decirlo, el tiempo me aterra, es como algo que acaba de nacer y ya se esta desintegrando, ¡paradójico no! Y se me pueden ocurrir muchas otras metáforas, mientras mas trato de explicarlo mas ideas vienen a mi cabeza (es por la necesidad de que se entienda la angustia que me produce el hecho de que el tiempo es algo que ni siquiera puedo definir), por ejemplo: es como el tratar de agarrar agua con las manos abiertas, no bien las estas llenando cuando ya están vacías y solo queda la humedad. O como las olas cuando rompen (que es cuando son más bellas) que no bien son rompientes cuando ya solo queda la espuma.
Me temo que no se entenderá lo que trato de decir, pues me encuentro tan intimidada ante esta concatenación de cosas que ignoro sobre el tiempo, que no se si las palabras que he usado son las adecuadas.
En fin, termino llegando a la cumbre de mi curiosidad en este tema cuando pienso en la frase “el transcurrir del tiempo”, me pregunto quien transcurre finalmente, ¿es el tiempo o soy yo?
jueves, septiembre 28, 2006
Cambios
Hay un par de cambios que se que debo hacer en mi, en mi vida y en mi actitud, tambien en las cosas que me rodean. Pero se que son mas faciles los cambios de afuera, asi que decidi empezar por lo mas facil y por eso, este nuevo aspecto del blog, espero que les guste, esta menos monotono no?
lunes, septiembre 18, 2006
Mariposas y Caracoles
Conozco un viajero. Tengo el placer de conocer un viajero que va de aquí para allá. El viajero que conozco es mi amigo; como todos los viajeros va de aquí para allá. Pero mi amigo viajero no es como todos los viajeros. Aunque va de aquí para allá como todos ellos.
Mi amigo viajero colecciona nostalgias, como todos los viajeros. Pero las nostalgias de mi amigo no son como las de los demás viajeros. Las nostalgias de mi amigo viajero las hago mías en algunos versos. Las nostalgias de los otros viajeros nunca serán mías.
Estoy escribiendo sobre las nostalgias de mí amigo viajero, y sobre mis nostalgias, que colecciono auque a diferencia de mi amigo no viajo de aquí para allá, sino de allá para acá, de ayer para hoy. De hace muchos años para hace solo un par de días.
Mi amigo pinta en el lienzo sus nostalgias, quisiera que pintara las mías. Mi amigo pinta en el lienzo su eterno viaje y quisiera que en su lienzo de viajes geográficos pudiera aparecer mi eterno viaje en el tiempo.
Con mariposas y caracoles mi amigo crea fantasías de sus viajes geográficos que influyen grandemente en las fantasías que mi mente crea en el papel de mis viajes en el tiempo. Porque en sus viajes geográficos no deja de pasar el tiempo y en mis viajes temporales, no deja de existir la geografía.
Así que mi amigo puede pintar un día en su lienzo de viajero una fantasía alada de mariposas que viajan en el tiempo por los caracoles de la geografía, porque como están de entrelazadas estas palabras, así están su vida y la mía.
Mi amigo viajero colecciona nostalgias, como todos los viajeros. Pero las nostalgias de mi amigo no son como las de los demás viajeros. Las nostalgias de mi amigo viajero las hago mías en algunos versos. Las nostalgias de los otros viajeros nunca serán mías.
Estoy escribiendo sobre las nostalgias de mí amigo viajero, y sobre mis nostalgias, que colecciono auque a diferencia de mi amigo no viajo de aquí para allá, sino de allá para acá, de ayer para hoy. De hace muchos años para hace solo un par de días.
Mi amigo pinta en el lienzo sus nostalgias, quisiera que pintara las mías. Mi amigo pinta en el lienzo su eterno viaje y quisiera que en su lienzo de viajes geográficos pudiera aparecer mi eterno viaje en el tiempo.
Con mariposas y caracoles mi amigo crea fantasías de sus viajes geográficos que influyen grandemente en las fantasías que mi mente crea en el papel de mis viajes en el tiempo. Porque en sus viajes geográficos no deja de pasar el tiempo y en mis viajes temporales, no deja de existir la geografía.
Así que mi amigo puede pintar un día en su lienzo de viajero una fantasía alada de mariposas que viajan en el tiempo por los caracoles de la geografía, porque como están de entrelazadas estas palabras, así están su vida y la mía.
Un anciano que le robó a la vida unos últimos 10 minutos:
Como una cinta que se rebobina empiezan a aparecer las escenas de una y otra estación. Desordenadamente brotan conversaciones, lugares, personas, deseos…
Desde aquí se puede ver casi toda la calle. La calle larga de los días nuevos que nunca mas serán.
Ahora desde la inercia descubro un rincón lleno de recuerdos. Intento mudarlos para que la nostalgia no haga nido en mí, pero el abrumador peso de los años me ha dejado sin fuerzas. Una vez el tiempo pasa, nada es remediable, lo que no importó una vez no puede importar ahora, aun si fuera posible estaría de todas maneras sin efecto.
La vida es cruda, siempre estuve de acuerdo. Demasiado como para dar mucha importancia a sus acontecimientos. Demasiado como para enfrentar mi propio pensamiento. Mucho, como para dejar de temer.
Se que tuve la oportunidad y no me arrepiento, al cabo de tantos años ¿para que hacerlo?. ¿Que debí haber hecho? ¿Dejar que mi cerebro bullera con cada problema que creí no poder solucionar? ¿Soñar con que podía cambiar el mundo porque pensaba diferente?
Si… terminé como todos.
No viví, pero aun sobrevivo; no sufrí, así que he sobrevenido al sufrimiento. Lo logré dejando que todo sucediera a mí alrededor y con mis brazos cruzados sobre mi pecho, protegiendo mi corazón de las influencias de afuera, endureciéndolo para que pudiera ser indiferente. Esa fue mi coraza, y al fin y al cabo terminó por salvarme de los peligros de este mundo; y hablo de cosas muy serias, peligros que asechan al hombre: la sensibilidad, por ejemplo. Así que fui insensible e indiferente y me liberé de pesares y dolores que hubieran terminado por convertirme en no se que suerte de ser.
Solo que de repente, por simples asuntos cenílicos, me encuentro en la cama de un hospital, con una ventana con vista a la calle, a esa calle en la que crecí, y realizo que nunca me fijé en las ventanas y en lo buenas que son para mirarse un poco hacia adentro mientras observas hacia afuera.
Me doy cuenta que tampoco me fije en la calle y en lo malo que era que ningún gobierno se dispusiera a asfaltarla, y en que mucho peor es que nadie se atreviera a exigirlo todavía en estos tiempos. Entonces creo que alguien ahora estaría en esta silla vacía al lado de mi cama si yo (que desee siempre usar mis patines en esa calle), hubiera intentado conseguir que fuera asfaltada. Estoy seguro de que alguien me recordaría y colocaría una frase amable en mi epitafio haciendo alusión a mi logro.
Pero había cosas mas importantes en que pensar, como no pensar, por ejemplo.
Así que estas lagrimas que me traen los recuerdos, que no son más que cursilería de viejos, me las limpio del rostro para no pensar en ellas y para ignorar levemente su razón de ser. Y este nudo que tengo en la garganta, me lo trago para llenar el vació que quedó en este ser, porque nunca nada tuvo valor y porque valorando las cosas hubiera tenido que sufrir como lo hago ahora. Estas lágrimas son la prueba de que nunca me equivoque cuando dije: ¿Qué caso tiene? O las veces que pensé ¿Por qué habría de molestarme analizando esto que no podré resolver?
No me pesa cargar, al final de este rudo camino, con todas las preguntas que no intenté responder, porque ni siquiera la curiosidad me mueve, ninguna motivación habita en mi, nada que me hiciera sufrir estaba en mi mente antes de que este aniversario (que ruego sea el ultimo) llegara súbitamente a mi, postrado en esta cama, justo a la par de este manojo de recuerdos de cosas que nunca me intereso decir ni hacer.
Y me atrapa la felicidad de repente, porque por primera vez en mi vida, decidí pensar en algo que en definitiva no tiene solución, y descubrí que las lagrimas aun pueden rodar por mis mejillas y que mi garganta aun puede atorarse por el sufrimiento.
Me invade una mezcla clandestina de felicidad y miedo, porque por vez primera estoy sufriendo; pero sufro desde esta cama con una silla abandonada y sufro desde una ventana que me muestra más de mi mismo que de lo que esta afuera. Pero sonrío, y mi sonrisa besa mi llanto para brindarle consuelo; porque se que a pesar de todo lo que dejé de apreciar en este afán de supervivencia, no perdí la capacidad de sufrir y de aprender, y hoy aprendí la que creo será mi primera y última lección: “Lo único en esta vida que no tiene solución es la muerte”, y es tanta mi impotencia, porque se que no la acercará ni la alejará de mi el hecho de reflexionar sobre ella, que hasta me pregunto si quizás ella (en si misma) es la solución.
Lo malo es que a estas alturas de mi vida, me estoy entreteniendo en este hilo de pensamientos para tratar de ignorar que quizás esa solución esté demasiado cerca.
“Al final de este viaje en la vida quedará nuestro rastro invitando a vivir. quedara una cura de tiempo, una gasa que envuelva un viejo dolor. Estos años son el pasado del cielo. Estos años son cierta agilidad con que el sol te dibuja en el porvenir; son la verdad o el fin, son Dios, quedamos los que puedan sonreír en medio de la muerte, en plena luz”.
Silvio Rodríguez
Adaptación
Desde aquí se puede ver casi toda la calle. La calle larga de los días nuevos que nunca mas serán.
Ahora desde la inercia descubro un rincón lleno de recuerdos. Intento mudarlos para que la nostalgia no haga nido en mí, pero el abrumador peso de los años me ha dejado sin fuerzas. Una vez el tiempo pasa, nada es remediable, lo que no importó una vez no puede importar ahora, aun si fuera posible estaría de todas maneras sin efecto.
La vida es cruda, siempre estuve de acuerdo. Demasiado como para dar mucha importancia a sus acontecimientos. Demasiado como para enfrentar mi propio pensamiento. Mucho, como para dejar de temer.
Se que tuve la oportunidad y no me arrepiento, al cabo de tantos años ¿para que hacerlo?. ¿Que debí haber hecho? ¿Dejar que mi cerebro bullera con cada problema que creí no poder solucionar? ¿Soñar con que podía cambiar el mundo porque pensaba diferente?
Si… terminé como todos.
No viví, pero aun sobrevivo; no sufrí, así que he sobrevenido al sufrimiento. Lo logré dejando que todo sucediera a mí alrededor y con mis brazos cruzados sobre mi pecho, protegiendo mi corazón de las influencias de afuera, endureciéndolo para que pudiera ser indiferente. Esa fue mi coraza, y al fin y al cabo terminó por salvarme de los peligros de este mundo; y hablo de cosas muy serias, peligros que asechan al hombre: la sensibilidad, por ejemplo. Así que fui insensible e indiferente y me liberé de pesares y dolores que hubieran terminado por convertirme en no se que suerte de ser.
Solo que de repente, por simples asuntos cenílicos, me encuentro en la cama de un hospital, con una ventana con vista a la calle, a esa calle en la que crecí, y realizo que nunca me fijé en las ventanas y en lo buenas que son para mirarse un poco hacia adentro mientras observas hacia afuera.
Me doy cuenta que tampoco me fije en la calle y en lo malo que era que ningún gobierno se dispusiera a asfaltarla, y en que mucho peor es que nadie se atreviera a exigirlo todavía en estos tiempos. Entonces creo que alguien ahora estaría en esta silla vacía al lado de mi cama si yo (que desee siempre usar mis patines en esa calle), hubiera intentado conseguir que fuera asfaltada. Estoy seguro de que alguien me recordaría y colocaría una frase amable en mi epitafio haciendo alusión a mi logro.
Pero había cosas mas importantes en que pensar, como no pensar, por ejemplo.
Así que estas lagrimas que me traen los recuerdos, que no son más que cursilería de viejos, me las limpio del rostro para no pensar en ellas y para ignorar levemente su razón de ser. Y este nudo que tengo en la garganta, me lo trago para llenar el vació que quedó en este ser, porque nunca nada tuvo valor y porque valorando las cosas hubiera tenido que sufrir como lo hago ahora. Estas lágrimas son la prueba de que nunca me equivoque cuando dije: ¿Qué caso tiene? O las veces que pensé ¿Por qué habría de molestarme analizando esto que no podré resolver?
No me pesa cargar, al final de este rudo camino, con todas las preguntas que no intenté responder, porque ni siquiera la curiosidad me mueve, ninguna motivación habita en mi, nada que me hiciera sufrir estaba en mi mente antes de que este aniversario (que ruego sea el ultimo) llegara súbitamente a mi, postrado en esta cama, justo a la par de este manojo de recuerdos de cosas que nunca me intereso decir ni hacer.
Y me atrapa la felicidad de repente, porque por primera vez en mi vida, decidí pensar en algo que en definitiva no tiene solución, y descubrí que las lagrimas aun pueden rodar por mis mejillas y que mi garganta aun puede atorarse por el sufrimiento.
Me invade una mezcla clandestina de felicidad y miedo, porque por vez primera estoy sufriendo; pero sufro desde esta cama con una silla abandonada y sufro desde una ventana que me muestra más de mi mismo que de lo que esta afuera. Pero sonrío, y mi sonrisa besa mi llanto para brindarle consuelo; porque se que a pesar de todo lo que dejé de apreciar en este afán de supervivencia, no perdí la capacidad de sufrir y de aprender, y hoy aprendí la que creo será mi primera y última lección: “Lo único en esta vida que no tiene solución es la muerte”, y es tanta mi impotencia, porque se que no la acercará ni la alejará de mi el hecho de reflexionar sobre ella, que hasta me pregunto si quizás ella (en si misma) es la solución.
Lo malo es que a estas alturas de mi vida, me estoy entreteniendo en este hilo de pensamientos para tratar de ignorar que quizás esa solución esté demasiado cerca.
“Al final de este viaje en la vida quedará nuestro rastro invitando a vivir. quedara una cura de tiempo, una gasa que envuelva un viejo dolor. Estos años son el pasado del cielo. Estos años son cierta agilidad con que el sol te dibuja en el porvenir; son la verdad o el fin, son Dios, quedamos los que puedan sonreír en medio de la muerte, en plena luz”.
Silvio Rodríguez
Adaptación
viernes, septiembre 15, 2006
Sin remedio---
Quizás nunca llegue a ser yo misma. Se que en los próximos años cargare con el peso de mis frustraciones y mis esperanzas fallidas. En algún momento perderé la lucha, no se en que momento perdí el derecho de ser.
Emulando a Neruda
Sucede que me canso de ser mujer.
Me enloquece que todos se crean capaces de determinar lo que me conviene y que quieran protegerme todo el tiempo de lo que deseo hacer. Me canso de la falsa confianza en mis actos, de las personas que tienen fe en que algún día voy a fallar y a la vez me da lastima de ellas que necesitan el mal de los demás para encontrar consuelo del propio. Me aburro siendo lo que se supone que deba ser mientras que en la sed de hacer lo que quiero trato sin éxito de encontrar razones pare no hacerlo.
Siento que me quedo en las vísperas de la adaptación a este sistema y en las periferias de la esperanza en que algún día alguien se atreva a ponerle un poco mas de sentido común a todo este drama. No me queda el papel de protagonista de tragedia griega, así que brinco y pataleo para no encajar en el pequeño recuadro en el que me quieren obligar a meter mi cerebro, empujan, forzan, golpean, pero el espacio es demasiado reducido para esta mente abierta.
Entonces, me doy cuanta de que nado contra la corriente, guardo mis ideas para salvarlas del flujo, y en mi mundo soy solo yo. A veces salgo y acepto el reto, pero hay tanta basura afuera que no quedo con ganas de volver, entonces me siento a escribir que me canso de ser mujer y de que me limiten a un manojo de normas y prohibiciones, a un sistema cuasi carcelario socio-personal que disfraza de milagro lo que en realidad ve como amenaza.
Me muero cada día un poco mas por vivir cada día un poco menos, me muero de ganas de que pueda un día salir al mundo por esta puerta con la certeza de que la vida es mas sencilla de lo que parece, de que puedo ir por las calles siendo YO. Tanta norma y complejo me produce disnea y cada vez que salgo de mi, me aterra mas la situación, porque sucede que me canso de la doble moral, de que “pretendan que siga sus consejos e ignore sus ejemplos” y sucede que estoy harta de escribir, en vez de salir y gritar a los cuatro vientos Que Me Tiene Harta Ser Mujer.
Me enloquece que todos se crean capaces de determinar lo que me conviene y que quieran protegerme todo el tiempo de lo que deseo hacer. Me canso de la falsa confianza en mis actos, de las personas que tienen fe en que algún día voy a fallar y a la vez me da lastima de ellas que necesitan el mal de los demás para encontrar consuelo del propio. Me aburro siendo lo que se supone que deba ser mientras que en la sed de hacer lo que quiero trato sin éxito de encontrar razones pare no hacerlo.
Siento que me quedo en las vísperas de la adaptación a este sistema y en las periferias de la esperanza en que algún día alguien se atreva a ponerle un poco mas de sentido común a todo este drama. No me queda el papel de protagonista de tragedia griega, así que brinco y pataleo para no encajar en el pequeño recuadro en el que me quieren obligar a meter mi cerebro, empujan, forzan, golpean, pero el espacio es demasiado reducido para esta mente abierta.
Entonces, me doy cuanta de que nado contra la corriente, guardo mis ideas para salvarlas del flujo, y en mi mundo soy solo yo. A veces salgo y acepto el reto, pero hay tanta basura afuera que no quedo con ganas de volver, entonces me siento a escribir que me canso de ser mujer y de que me limiten a un manojo de normas y prohibiciones, a un sistema cuasi carcelario socio-personal que disfraza de milagro lo que en realidad ve como amenaza.
Me muero cada día un poco mas por vivir cada día un poco menos, me muero de ganas de que pueda un día salir al mundo por esta puerta con la certeza de que la vida es mas sencilla de lo que parece, de que puedo ir por las calles siendo YO. Tanta norma y complejo me produce disnea y cada vez que salgo de mi, me aterra mas la situación, porque sucede que me canso de la doble moral, de que “pretendan que siga sus consejos e ignore sus ejemplos” y sucede que estoy harta de escribir, en vez de salir y gritar a los cuatro vientos Que Me Tiene Harta Ser Mujer.
jueves, agosto 10, 2006
Si alguien me vuelve a preguntar, responderé:
Porque a mi tambien la vida se me detuvo en un momento, tan solo para mirarme de frente y preguntarme: Te atreves…
No tuve que pensarme la respuesta después de haberme cohibido de tanto y presurosa conteste definidamente: Si, me atrevo.
No tuve que pensarme la respuesta después de haberme cohibido de tanto y presurosa conteste definidamente: Si, me atrevo.
martes, agosto 08, 2006
El Despertar del Ser
Abrió las ventanas y sintió el tibio calor del astro de la aurora acariciando suavemente su piel morena, tersa y desnuda. El beso de la brisa matutina removió sus cabellos negros como la noche más oscura. En las flores del balcón todavía llovía. Sus manos delicadas agitaron la pequeña jardinera y algunas gotas atrevidas mojaron su vientre. Se estremeció al sentir el frió, sonrió y mordió sus labios levemente en un gesto de sensualidad que despertara aquella travesura de la naturaleza.
Camino hacia el espejo con la delicadeza con que el viento se mueve entre las nubes y se contempló allí en toda su belleza. La calida luz inundaba, junto a la brisa, toda la habitación y la rodeaba de un aura angelical que le hizo sonrojarse ante su propio cuerpo desnudo frente al espejo.
Sus pies descalzos acariciaban con cada paso la alfombra, dichoso lienzo que yacía debajo de aquel cuerpo luminoso, de esbeltez de estatua griega, de peso ligero y movimientos graciosos y delicados que hubieran podido causar envidia a la misma Venus. Que mal se hubiera sentido Milo si viviera para saber que alguna belleza real podía superar la de su famosa escultura.
En sus nalgas, insolentemente, rozaba su pelo. Sus manos lo adelantaron hasta su pecho y tejieron una infinita trenza que la dejó mas descubierta.
Desde la punta de la trenza ascendió su mano despacio hasta sus senos. Acarició el volumen y la forma a ojos cerrados, como intentando encontrarse en ese cuerpo que a veces le parecía ajeno, como queriendo desdibujar sus carnes para descubrir su ser.
Sintió que un vapor sutil subía a sus mejillas y abrió los ojos, se observo sonrosada y vio que sus pechos se endurecían ante el roce de sus manos diluidas en la brisa, que descendieron por su estomago siguiendo la línea de delgados bellos morenos sobre su abdomen. Una pequeña y profunda depresión detuvo sus dedos que curiosos contornearon el área del diminuto agujero justo en medio de su vientre.
Miró alrededor, todo parecía rodeado de un aire diferente, se sentía parte de todo lo que había a su alrededor, había descubierto una sensibilidad oculta en su piel, había notado la complicidad de las cosas, había visto que la naturaleza intentaba hacerle el amor.
Se rindió ante el cúmulo de sensaciones, sintió que le faltaba el aire y que el vapor en sus mejillas ahora recorría todo su cuerpo. Se acerco a la ventana, respiro, inhalo aire cuanto pudo y lo exhalo levemente… se había encontrado en ella.
Sonrió, se echó en la cama sobre las sabanas blancas desordenadas, destejió la trenza en su completa longitud, abrió sus brazos y piernas y cerro sus ojos. Dejo que la brisa matutina recorriera cada rincón, dejo que el aire se mezclara con la mas profunda esencia de su ser.
La brisa corrió con ímpetu agitando las flores del balcón y las cortinas de la habitación, hasta llegar ante ella, entonces recorrió suavemente su cuerpo, cada centímetro de su piel; la brisa se deslizo libremente por toda su extensión y luego, con un beso en su frente se retiro.
Ella dulcemente tomo las sabanas y con la ternura de un niño se arrulló. Durmió toda la mañana, sabiendo que estaba allí y que ese hermoso cuerpo no era un montón de carne inconexo de su ser, durmió como nunca había dormido, sabiendo que todos los días tenia una ventana con flores húmedas y brisa fresca y luz del sol. Estaba tan complacida que simplemente, se durmió, sabiendo que tenía todo lo que necesitaba para ser feliz.
Camino hacia el espejo con la delicadeza con que el viento se mueve entre las nubes y se contempló allí en toda su belleza. La calida luz inundaba, junto a la brisa, toda la habitación y la rodeaba de un aura angelical que le hizo sonrojarse ante su propio cuerpo desnudo frente al espejo.
Sus pies descalzos acariciaban con cada paso la alfombra, dichoso lienzo que yacía debajo de aquel cuerpo luminoso, de esbeltez de estatua griega, de peso ligero y movimientos graciosos y delicados que hubieran podido causar envidia a la misma Venus. Que mal se hubiera sentido Milo si viviera para saber que alguna belleza real podía superar la de su famosa escultura.
En sus nalgas, insolentemente, rozaba su pelo. Sus manos lo adelantaron hasta su pecho y tejieron una infinita trenza que la dejó mas descubierta.
Desde la punta de la trenza ascendió su mano despacio hasta sus senos. Acarició el volumen y la forma a ojos cerrados, como intentando encontrarse en ese cuerpo que a veces le parecía ajeno, como queriendo desdibujar sus carnes para descubrir su ser.
Sintió que un vapor sutil subía a sus mejillas y abrió los ojos, se observo sonrosada y vio que sus pechos se endurecían ante el roce de sus manos diluidas en la brisa, que descendieron por su estomago siguiendo la línea de delgados bellos morenos sobre su abdomen. Una pequeña y profunda depresión detuvo sus dedos que curiosos contornearon el área del diminuto agujero justo en medio de su vientre.
Miró alrededor, todo parecía rodeado de un aire diferente, se sentía parte de todo lo que había a su alrededor, había descubierto una sensibilidad oculta en su piel, había notado la complicidad de las cosas, había visto que la naturaleza intentaba hacerle el amor.
Se rindió ante el cúmulo de sensaciones, sintió que le faltaba el aire y que el vapor en sus mejillas ahora recorría todo su cuerpo. Se acerco a la ventana, respiro, inhalo aire cuanto pudo y lo exhalo levemente… se había encontrado en ella.
Sonrió, se echó en la cama sobre las sabanas blancas desordenadas, destejió la trenza en su completa longitud, abrió sus brazos y piernas y cerro sus ojos. Dejo que la brisa matutina recorriera cada rincón, dejo que el aire se mezclara con la mas profunda esencia de su ser.
La brisa corrió con ímpetu agitando las flores del balcón y las cortinas de la habitación, hasta llegar ante ella, entonces recorrió suavemente su cuerpo, cada centímetro de su piel; la brisa se deslizo libremente por toda su extensión y luego, con un beso en su frente se retiro.
Ella dulcemente tomo las sabanas y con la ternura de un niño se arrulló. Durmió toda la mañana, sabiendo que estaba allí y que ese hermoso cuerpo no era un montón de carne inconexo de su ser, durmió como nunca había dormido, sabiendo que todos los días tenia una ventana con flores húmedas y brisa fresca y luz del sol. Estaba tan complacida que simplemente, se durmió, sabiendo que tenía todo lo que necesitaba para ser feliz.
lunes, agosto 07, 2006
Bitácora de un suicidio
Busqué entre la enmarañada complejidad de aquel bolso lleno de departamentos. La exigüidad del farol en la cera de enfrente no ayudaba mucho y mi tacto llevo a cabo la labor. Entre cosas de distinta dureza, toque las insiciones del frío e irregular metal.
Abrí la puerta despacio, el chirrido de piezas oxidadas rompió la sensación de complicidad. Me asome antes de entrar, quizás solo para hacerle el juego a esa misteriosa noche sin luna, o quizás como una burla inconciente a la soledad de aquel lugar que podía sentirse en el ambiente, en el orden, en el polvo, en la frialdad.
Deslicé mi índice por el cristal de una mesa de pared, dejando una estela despojada de la gruesa capa de polvo que hacia áspera la superficie del cristal. Una fotografía yacía tumbada, cubierta por la misma capa que unificaba todo lo que había en aquella mesa estrecha. Recorrí los bordes del portarretrato de madera, mi tacto estaba listo para algo tosco, pero me sorprendió la suavidad de aquella madera; limpié un poco el polvo con mi pañuelo y lo acerqué a mi rostro, el olor era inconfundible, la madera era Sabina, que es la madera en que debería enmarcarse todo buen recuerdo.
Una brisa helada me recordó que la puerta estaba abierta, mire hacia la calle y vi que la luz se detenía justo antes de la puerta, como si temiera entrar a aquel lugar, a aquel limbo donde el tiempo parecía haberse desatado en toda su infinitud.
Me acerque a la puerta e invite la luz, pero era imposible, el único farol que alumbraba desde la calle era muy pobre. Cerré la puerta y recorrí las paredes hasta encontrar el interruptor. La luz parpadeo por unos segundos, como resistiendo la presión de la oscuridad que parecía absorberla.
Ni el menor ruido interrumpía la inquietante calma del lugar.
Todo se mezclaba y, en las cosas, subyacía una intención de dar al lugar aquella aura en la que solo un verbo podía ser conjugado: Soledad.
Recordé el portarretrato y volví a la mesa para observar la foto: estaba allí rodeado de su familia, de su gente, de amigos. Y toda esa felicidad que había quedado congelada en esa foto era la antitesis de su realidad actual.
La noticia del día anterior me hizo salir repentinamente de mi letargo interior; deje de invernar para darme cuenta de que verdaderamente se había extinguido su luz. Y me pareció que fue ayer el día en que redecoraba esta habitación… todo estaba intacto.
Meses atrás me había llamado para pedirme auxilio, pero yo también había decidido estar sola, aunque mi situación fue siempre manejable, y hasta hoy entiendo la desesperación exasperante en que expiró. Todos lo conocían, el conocía a todos, solo que nunca termino de callar. Cada vez las palabras se extinguían a flor de labios, porque nadie era como el. Por que todos eran diferentes. ¡que riesgoso era aceptarlo! Que riesgoso es aceptar que no todos somos iguales.
Apagué la luz y a tientas repose mi cuerpo en la cama.
La oscuridad se sentía pesada sobre mi cuerpo, todo era consumido por la negritud, la ausencia completa de color me hizo sentir en medio de la nada, estando justamente en el centro de aquella enorme ciudad. La horrible sensación de estar cayendo perdida en aquel luto frió y eterno me hizo sentir un horrible miedo. Salí, encendí la luz. Cada minuto de aquella noche rogué por que saliera el sol. Los objetos inánimes no representaban compañía y la luz parecía que estaba siendo tragada cada vez mas rápidamente, el frío me llegaba a los huesos.
No soporté más. Salí. En esa larga noche, solo el farol y yo en la acera de enfrente.
Así fueron sus ultimas noches, largas, solas, frías…
Así fueron los últimos años de su vida; su vida de centro de ciudad que tanto había anhelado desde aquel pueblecito viejo. Así fue su carrera profesional en la universidad que sus padres deseaban. Así fue estar en el medio de todo y sentirse en el medio de la nada.
Así fue como decidió que muerto por lo menos estaría acompañado de gusanos.
Abrí la puerta despacio, el chirrido de piezas oxidadas rompió la sensación de complicidad. Me asome antes de entrar, quizás solo para hacerle el juego a esa misteriosa noche sin luna, o quizás como una burla inconciente a la soledad de aquel lugar que podía sentirse en el ambiente, en el orden, en el polvo, en la frialdad.
Deslicé mi índice por el cristal de una mesa de pared, dejando una estela despojada de la gruesa capa de polvo que hacia áspera la superficie del cristal. Una fotografía yacía tumbada, cubierta por la misma capa que unificaba todo lo que había en aquella mesa estrecha. Recorrí los bordes del portarretrato de madera, mi tacto estaba listo para algo tosco, pero me sorprendió la suavidad de aquella madera; limpié un poco el polvo con mi pañuelo y lo acerqué a mi rostro, el olor era inconfundible, la madera era Sabina, que es la madera en que debería enmarcarse todo buen recuerdo.
Una brisa helada me recordó que la puerta estaba abierta, mire hacia la calle y vi que la luz se detenía justo antes de la puerta, como si temiera entrar a aquel lugar, a aquel limbo donde el tiempo parecía haberse desatado en toda su infinitud.
Me acerque a la puerta e invite la luz, pero era imposible, el único farol que alumbraba desde la calle era muy pobre. Cerré la puerta y recorrí las paredes hasta encontrar el interruptor. La luz parpadeo por unos segundos, como resistiendo la presión de la oscuridad que parecía absorberla.
Ni el menor ruido interrumpía la inquietante calma del lugar.
Todo se mezclaba y, en las cosas, subyacía una intención de dar al lugar aquella aura en la que solo un verbo podía ser conjugado: Soledad.
Recordé el portarretrato y volví a la mesa para observar la foto: estaba allí rodeado de su familia, de su gente, de amigos. Y toda esa felicidad que había quedado congelada en esa foto era la antitesis de su realidad actual.
La noticia del día anterior me hizo salir repentinamente de mi letargo interior; deje de invernar para darme cuenta de que verdaderamente se había extinguido su luz. Y me pareció que fue ayer el día en que redecoraba esta habitación… todo estaba intacto.
Meses atrás me había llamado para pedirme auxilio, pero yo también había decidido estar sola, aunque mi situación fue siempre manejable, y hasta hoy entiendo la desesperación exasperante en que expiró. Todos lo conocían, el conocía a todos, solo que nunca termino de callar. Cada vez las palabras se extinguían a flor de labios, porque nadie era como el. Por que todos eran diferentes. ¡que riesgoso era aceptarlo! Que riesgoso es aceptar que no todos somos iguales.
Apagué la luz y a tientas repose mi cuerpo en la cama.
La oscuridad se sentía pesada sobre mi cuerpo, todo era consumido por la negritud, la ausencia completa de color me hizo sentir en medio de la nada, estando justamente en el centro de aquella enorme ciudad. La horrible sensación de estar cayendo perdida en aquel luto frió y eterno me hizo sentir un horrible miedo. Salí, encendí la luz. Cada minuto de aquella noche rogué por que saliera el sol. Los objetos inánimes no representaban compañía y la luz parecía que estaba siendo tragada cada vez mas rápidamente, el frío me llegaba a los huesos.
No soporté más. Salí. En esa larga noche, solo el farol y yo en la acera de enfrente.
Así fueron sus ultimas noches, largas, solas, frías…
Así fueron los últimos años de su vida; su vida de centro de ciudad que tanto había anhelado desde aquel pueblecito viejo. Así fue su carrera profesional en la universidad que sus padres deseaban. Así fue estar en el medio de todo y sentirse en el medio de la nada.
Así fue como decidió que muerto por lo menos estaría acompañado de gusanos.
jueves, agosto 03, 2006

Ironía
Se escurrió entre las rejas como si nunca hubieran estado ahí con el único fin de encontrar el montón de cosas putrefactas justo debajo de la ventana. Descendió lentamente respirando (tal vez disfrutando) cada átomo de aquel fétido y nauseabundo olor.
Se detuvo en medio de aquel adevacle de restos de comida, latas, papeles, excremento…
Yo le observaba, infinitamente airado.
Inhaló profundamente y froto sus manos augurando el inconmensurable placer que por mucho tiempo aquel montón de desechos le brindaría.
Fuera ya del éxtasis de su contemplación, se metió al charco de heces y revolcó su cuerpo en ellas, inmensamente feliz de estar allí y de ser quien era. Miro hacia fuera del charco y allí estaba su hembra. Froto sus manos nuevamente, no pudo resistirse a su olor y la poseyó una y otra vez entre la mierda.
La poseyó volando por el aire, y, para hacerme mas testigo de su libertad, la poseyó allí, justo entre las rejas.
Yo seguía allí, contemplándolos, deseando tener alas aunque estuvieran sucias y malolorientas, revolcándome entre rejas en mi propia mierda y pensando que, si fuera un insecto asqueroso (como dijo el carcelero esta mañana) seria una Mosca; me escurriría a través de las rejas como si nunca hubieran estado ahí y me escaparía volando de este montón de desechos que es ahora mi vida, con el único fin de estar con ella, de poseerla una y otra vez…
miércoles, agosto 02, 2006
Dialectica
Caminó a lo largo de la calle sombría, la encontró tan derecha que pensó que pudo haber sido reconstruida; pero quien se interesaría por un viejo pasaje despoblado y agreste.
A cada paso nuevas imágenes contrastaban un recuerdo, pero todo era mas viejo, mas pequeño… el tiempo había dispuesto de la calle tan amplia a los siete y ahora tan callejuela, tan estrecha y corta que pudo haber pensado que estaba perdida en alguna dimensión paralela.
Se detuvo en ese punto en que su vida ya no fue la misma, miro la fuente, vacía, completamente seca y pensó cuantas personas habrían vuelto para ser testigos de la decadencia de un espacio que simbolizaba su propia degeneración, su metamorfosis ineludible que ahora la traía a esa calle para burlarse de lo que había logrado con ese pequeño ser.
Había aprendido tan bien a defenderse de si misma, que le hechó la culpa al tiempo, por pasar, por no detenerse cuando fue preciso. ! Que función la del tiempo! correr, arder, perseguirnos y adelantarse sin darnos tiempo; Y ¡Que impotencia la nuestra! Verlo pasar sin poder sujetarlo, detenerlo, ni siquiera aprovecharlo.
Apuraba su paso porque llovía. Se volvió, en la lejanía su silueta se fundía en el manto negro que cubría todos los rincones. Nada ni nadie estaba allí, solo ella y quien antes había sido; entonces sintió que todo aquello le pertenecía, que le había pertenecido siempre. Sintió la lluvia en su rostro y un cúmulo de recuerdos estallaron: los aguaceros de mayo con los pies descalzos sobre las piedras, las vasijas en los desagües, los demás niños corriendo desnudos por la inmensidad de la calle…
Se despojo de lo que la cubría, soltó su pelo y desnuda, bajo la lluvia caminó hacia la fuente. Ya no estaba seca.
A cada paso nuevas imágenes contrastaban un recuerdo, pero todo era mas viejo, mas pequeño… el tiempo había dispuesto de la calle tan amplia a los siete y ahora tan callejuela, tan estrecha y corta que pudo haber pensado que estaba perdida en alguna dimensión paralela.
Se detuvo en ese punto en que su vida ya no fue la misma, miro la fuente, vacía, completamente seca y pensó cuantas personas habrían vuelto para ser testigos de la decadencia de un espacio que simbolizaba su propia degeneración, su metamorfosis ineludible que ahora la traía a esa calle para burlarse de lo que había logrado con ese pequeño ser.
Había aprendido tan bien a defenderse de si misma, que le hechó la culpa al tiempo, por pasar, por no detenerse cuando fue preciso. ! Que función la del tiempo! correr, arder, perseguirnos y adelantarse sin darnos tiempo; Y ¡Que impotencia la nuestra! Verlo pasar sin poder sujetarlo, detenerlo, ni siquiera aprovecharlo.
Apuraba su paso porque llovía. Se volvió, en la lejanía su silueta se fundía en el manto negro que cubría todos los rincones. Nada ni nadie estaba allí, solo ella y quien antes había sido; entonces sintió que todo aquello le pertenecía, que le había pertenecido siempre. Sintió la lluvia en su rostro y un cúmulo de recuerdos estallaron: los aguaceros de mayo con los pies descalzos sobre las piedras, las vasijas en los desagües, los demás niños corriendo desnudos por la inmensidad de la calle…
Se despojo de lo que la cubría, soltó su pelo y desnuda, bajo la lluvia caminó hacia la fuente. Ya no estaba seca.
martes, agosto 01, 2006
a woman`s worth
Algunas cometemos el error de creernos mas de lo que somos, de sobrevaluarnos, que ilusas! Desubicadas, tontas feministas que tienen la esperanza de que algún día les permitan no fingir, de que en algún segundo de su vida puedan simplemente SER, y luego… luego NADA.
Al fin y al cabo que hay después de? Un simple agujero, un agujero negro y no es mucho lo que sabemos de este tipo de fenómenos.
Significa para los otros algo mas?
Pienso que no debe importar que signifique para los demás
Pero talvez es un nuevo error, tal vez “los demás” es mas importante
De lo que parece…
Particularmente suelo pensar en primera persona y me hace muy
Feliz que me juzguen por eso, porque no suelo limitar mis posibilidades
Y mucho menos disminuir mi valor a un vagazo diminuto de mi piel.
Se que como individuo y también como mujer, soy mucho mas que eso
Y como siempre termino preguntándome ¿por que? Me pregunto:
¿Por que la sociedad insiste en hacerme sentir que no valgo mas que
un himen intacto?
Al fin y al cabo que hay después de? Un simple agujero, un agujero negro y no es mucho lo que sabemos de este tipo de fenómenos.
Significa para los otros algo mas?
Pienso que no debe importar que signifique para los demás
Pero talvez es un nuevo error, tal vez “los demás” es mas importante
De lo que parece…
Particularmente suelo pensar en primera persona y me hace muy
Feliz que me juzguen por eso, porque no suelo limitar mis posibilidades
Y mucho menos disminuir mi valor a un vagazo diminuto de mi piel.
Se que como individuo y también como mujer, soy mucho mas que eso
Y como siempre termino preguntándome ¿por que? Me pregunto:
¿Por que la sociedad insiste en hacerme sentir que no valgo mas que
un himen intacto?
Eternal why?
Despierto, me aseo, me muevo, respiro, trabajo, aprendo, me duermo hastiada de asearme, moverme, respirar, trabajar, aprender y volver a dormir sin saber porque...
Seria ese el castigo ciclico de no habernos resignado a ignorar?
O ignorar es el castigo por no resignarnos?
O... can someone or something just tell me why?
Seria ese el castigo ciclico de no habernos resignado a ignorar?
O ignorar es el castigo por no resignarnos?
O... can someone or something just tell me why?
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